Siempre había presentado cicatrices por todo su cuerpo, pero nadie había visto como se las hacían, pues nunca lograban tocarle en combate. Se paseaba con una majestuosidad grandiosa por el campo de batalla, tanto que parecía danzar entre las filas enemigas. Capaz de reducir a uno de los peores oponentes sin ni siquiera portar un arma entre sus manos. Manos ágiles sobres las que se deslizaban las empuñaduras de las espadas que manejaba, proporcionando al héroe la capacidad de realizar varios movimientos rápidos en cuestión de segundos, que confundían a sus adversarios y, como consecuencia, lo último que éstos distinguían antes de caer era el destello rojizo en los ojos de aquel que iba a matarlos. El choque de su espada con la de su rival emitía hasta cierta musicalidad, una lúgubre sinfonía que anunciaba la llegada de la muerte.
"No lo hago por gusto" Decía cada vez que le preguntaban, y continuaba con un: "La vida nos pone motivos y recursos en el camino, y yo me limite a hacerlo lo mejor posible con lo que tenía."
Estaba hecho para seguir peleando.
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