domingo, 8 de diciembre de 2013

A veces no es tan malo soñar

Acaricia ese sueño, no lo dejes escapar, cógelo y agárralo entre tus dedos para que no se desvanezca, pues los sueños son fáciles de imaginar y a la vez tan fáciles de perder... Haz lo que haga falta para conservarlo, porque puede que solo sea un sueño, pero también te hará avanzar en una dirección y, lo más importante, la decisión que en el fondo tu quieres seguir.
¿Qué me dices de ese placer al luchar por un objetivo que también es perseguido por otros, pero con la certeza de que sólo tu vas a alcanzarlo?
Caerte una y otra vez, desfallecer, tropezar las veces que sean necesarias con la misma piedra, agonizar... Pues ni siquiera en los mejores sueños somos los únicos dueños de todo lo que ocurre. Debemos hacer algo para merecerlo y nuestra arma principal se llama fuerza de voluntad, solo hay que encontrarla y, en el momento en que ésta se quede sin escondite para ti, sólo tu serás quien marque las pausas, los inicios y, naturalmente, quien decida cuándo parar.
Abraza el dolor, pues el camino que seguirás estará lleno de trampas que te golpearán, te arañarán e incluso te tratarán de arrancar ese precioso sueño que llevas tras una gloriosa capa de voluntad.
No te arrepientas, cada error cometido forma parte de tu propósito, aunque en el momento no te des cuenta, debes seguir adelante con todo.

Y, sobre todo, no dejes de caminar. Nunca. Llega hasta donde te permitan las piernas. El sueño es tuyo.

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