Otra vez estoy aquí dentro. No sé cómo lo hago, si pudiese controlarlo... Alzo la mirada al frente y, rápidamente, sin pensarlo, analizo todo aquello que permanece a mi alrededor. No se parece a nada que haya visto antes cuando me aventuraba en este lugar debido a mis extraños momentos de lucidez. Pero nuevamente puedo notar mi esencia en el ambiente, mi magia. Una ráfaga de viento me hace estremecerme y me doy cuenta del frío que hace aquí, de hecho no me había percatado de la nieve hasta ahora, ¿Pero qué pasa conmigo? Quizás es que no he querido darme cuenta de que puedo llegar a congelarme aquí encerrado, pero, en fin, por suerte estoy viendo una puerta a lo lejos. Aunque tengo mis dudas, no sé hasta dónde conducirá y, al llevar un rato entre la nieve me estoy dando cuenta de que no hace tanto frío, en realidad puede llegar a transmitirme incluso el calor de un hogar, en cierto modo.
Llevo demasiado tiempo aquí, lo sé porque se está haciendo de noche. Normalmente solo estoy unos cuantos minutos antes de recobrar el sentido. Ni siquiera podía imaginar la cantidad de frío que tendría que pasar si me quedaba, me parece que voy a empezar a andar un poco hacia la puerta que vi esta mañana, estaba tan lejos... Pero, al menos, me hará entrar en calor. Ahora desearía haberla cruzado unas horas antes.
Y paso tras paso empiezo a notar sobre mi piel blanca los primeros rayos del Sol. ¡Y por Dios! Es como si hubiese dos soles, ¡Qué calor mas asfixiante! Toda idea de cruzar la puerta se está desvaneciendo, ojalá se haga de noche otra vez. Pero inexplicablemente no paro de andar y, tras un buen rato me encuentro con los cadáveres de varios lobos. No me extraña encontrarlos aquí, son uno de los animales que más interés despiertan en mí.
-Ni ellos aguantan las condiciones en las que viven. - Pienso y, obviamente, lo escucho en voz alta, sin necesidad de mover los labios. No es ningún secreto que estoy de nuevo en mi interior. Estoy perdido.
Decido llevarme las pieles necesarias para la noche, solo por si acaso... Ya me estoy imaginando lo que va a pasar.
Cae la noche de nuevo y hace un frío inimaginable, por suerte tengo las pieles como ayuda, pero... ¡Joder, ni siquiera funciona! ¿Qué coño pasa aquí? ¿Qué me pasa? Estiro el brazo y toco la puerta, no me hace falta mirarla, ya que mi tacto juega un papel fundamental, como si la hubiera tocado muchas veces. La puerta conduce a un túnel, lo sé porque se adentra en una montaña. Ni siquiera sé si realmente tendrá una buena salida o si me quedaré atrapado y perdiendo el tiempo.
Solo sé que a veces tengo el impulso de reventar esta barrera y adentrarme a lo que sea que me espere dentro. Pero otras, simplemente, no lo necesito.
¿Abro la puerta?
-Ayúdame a hacerlo. - Susurro...
-Alberto, ¿Estás bien? - Es lo que puedo oír antes de abrir los ojos y encontrarme tus ojos clavados en los míos, y una de esas sonrisas tuyas que se acerca peligrosamente a mis labios.
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