Miles de personas andan por las calles, aunque, en realidad, todos los días es lo mismo. Calles abarrotadas y, vistos desde fuera, todos representando a un único individuo. Incapaces de diferenciarse unos de otros.
Pero, como en todos los casos, hay alguien que se distingue del resto, que avanza sin seguir el ritmo inmutable de los otros, que presenta una mirada diferente, que se detiene a observar cuanto acontece a su alrededor y, que generalmente, suele llevar prisa. Probablemente por el miedo de quedarse atrapado en el tiempo y el espacio que les envuelve a todos ellos.
Imagina ser ésta persona y tener la capacidad sentir la esencia de cada individuo o cosa y, como motivo de frustración, solo poder notar lo mismo en cada habitante con el que te cruzas. Como si hubiesen perdido todo lo que los diferenciaba. Como si el alma de todos ellos se hubiese fusionado en una sola y estuviese tratando de asfixiar la tuya para anularla también. Intentas correr, esquivar a la gente, saltar, pero esa energía continua persiguiéndote. Y ella si que no va a cansarse.
A pesar de todo, tu tampoco te cansas y, tras un acopio de fuerzas, consigues escapar de esa esencia que iba a convertirte en "uno mas". Pero piénsalo:
¿Para qué te ha servido escaparte, si nadie va a lograr entenderte? ¿Es suficiente para ti ser el único que lo haya logrado?
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