... En ese momento todo parece romperse y cierro los ojos, o mejor dicho, ellos solos lo hacen, seguidos por mi cuerpo y mi mente, pero no por mi alma. Noto como voy cayendo en un abismo que me da la sensación de que es interminable. Pero no puedo abrir los ojos y continúo así hasta que, finalmente, dejo de percibir cualquier estímulo externo.
Abro los ojos y presencio un lugar en el que nunca antes había estado, pero que me resulta terriblemente familiar. Una explanada rodeada por árboles que forman un círculo a mi alrededor, piedras enormes situadas mediante la acción del azar por todo el territorio y, en el centro del círculo, consigo divisar un charco que, al acercarme y hundir una rama que he encontrado en el suelo, resulta ser más profundo de lo que parecía a simple vista. Miro hacia el cielo para tratar de sacar una aproximación de la hora y descubro que la falta de iluminación es debida a un cielo nublado. Parece que va a empezar a llover.
Lo más raro es que no oigo el sonido del viento al mover las hojas de los árboles, los cantos de los pájaros u otros animales, o el ruido de mis pies al andar descalzos por la hierba.
Pero espera, ¿Por qué estoy descalzo? De repente empiezo a plantearme muchas preguntas que no se me habían pasado antes por la cabeza. ¿Qué es este lugar y por qué estoy aquí? ¿Por qué me resulta tan familiar como la palma de mi mano? Tengo una sensación muy extraña.
De repente, sin esperarlo o pedirlo, empiezo a escuchar, todos mis sentidos se amplifican y se manifiestan con sus máximas capacidades, lo estoy escuchando todo. Hasta mis pensamientos que, por cierto, los oigo como si alguien estuviese hablando detrás de mí, y no en mi cabeza, como debería suceder.
-Un momento... ¿Por qué escucho mis pensamientos? - Se me escapa, en voz alta.
-¿Y por qué no ibas a hacerlo, si estás aquí? - Me replica una voz que conozco muy bien. De hecho, ¡Es mi voz!
Me giro, asustado. Creo que estoy empezando a entender, eso es lo que me asusta. ¿Miedo a conocer?
-Tu... Quiero decir, yo... Tú eres yo. - Estoy tan confuso que no entiendo ni las palabras que logro articular. Tengo delante de mi a una persona que es exactamente igual que yo.
-Mira a tu alrededor. -Me responde mi doble, mientras señala un lugar a su derecha. -¿Qué te transmite eso? - Sonríe.
Yo obedezco, frunciendo el ceño y mirando a mi izquierda. Entonces veo algo de lo que no había sido consciente en un principio: Se trata de un sendero que no está cerrado por los árboles que me rodeaban inicialmente. Centro mi visión, que sigue estando amplificada, y vislumbro un montón de fuego, árboles quemándose, animales corriendo para evitar la destrucción. Veo impulsividad, destrucción, fuerza de voluntad, rabia, ira.
Cuando vuelvo a mirar al individuo que tengo en frente y que tanto se parece a mí, su brazo está señalando a mi derecha, y lo sigo rápidamente con la mirada. Otro sendero, pero ésta vez conduce a un lago helado, no para de nevar y alcanzo a distinguir una sombra que se abre paso entre tal ventisca, distingo el miedo, la inseguridad, la pasividad, la soledad... Me atrevo a afirmar que es mi propia sombra, y lo confirmo cuando miro al suelo y no la encuentro conmigo. ¿Pero ésto qué es?
Ya no necesito que me señale nada mas, vuelvo a girarme y salgo corriendo hacia el nuevo camino que se abre ante mi y, afortunadamente, ésta vez no corro la misma suerte. Un perfecto y frondoso bosque, con árboles que alcanzan muchísimos metros de altitud, ni siquiera entra demasiada luz, pero la suficiente como para sentir la valentía, el coraje y el honor. Puedo sentir a un héroe dentro de mi.
-Ahora lo comprendes todo, ¿Verdad? - Vuelve a preguntarme a mis espaldas y yo, sin girarme y ni siquiera plantearme la respuesta, ya la conozco...
...Y deja de ser un secreto que cuando cierro los ojos logro adentrarme en mi interior.
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