viernes, 19 de agosto de 2016

Sé que estás ahí

Soy capaz, en medio del desorden y la confusión absoluta que provoca la gente, de escuchar ese leve ruido que se esconde a mis espaldas. No pienses que no me percato de que estás ahí. Siempre me ha gustado sentir que las personas importantes, de un modo u otro, me observan. Imagino que pueden leer hasta en lo más profundo de mi mente. Es una sensación en la que, lejos de inundarme el miedo, el camino se vuelve más fácil de seguir. Y placentero.
Pero no me gusta desconocer quién me observa... Y sé que estás ahí. No creo saber quién eres. Cada vez que me doy la vuelta, el ruido desaparece. Aquí tienes un regalo.

No te limites a observar.

jueves, 9 de abril de 2015

Tenía que darte las gracias

Un zumbido, que se repite. Una vez, y otra, y otra."Ya empezamos" pienso, mientras estiro el brazo derecho hasta alcanzar el móvil. Solo puedo pensar en desactivar la alarma, odio interrumpir los sueños interesantes.
Pero ya no puedo volver a dormirme, supongo que he perdido la oportunidad. "Qué putada" me digo a mí mismo, aunque en realidad estoy tan aturdido que ni siquiera sé si lo he dicho en voz alta. Doy un salto para bajar de la cama, ya que está un poco elevada, y camino desnudo hasta el cuarto de baño, mi cara está horrible.
Miro concentrado mis propios ojos reflejados en el espejo, me acerco para ver mejor, "las ventanas del alma, dicen algunos" pienso, "qué tontería, ni siquiera sabemos lo que es el alma".
Las ideas que tuve la noche anterior me resultan ahora estupideces propias de adolescentes soñadores con tendencias románticas, pero bastará con que pasen unas cuantas horas y vuelva a distinguirse un enigmático cielo estrellado para que dichas ideas se me antojen de nuevo interesantes.
Porque cuando llega la noche y todo está oscuro nada capta mi atención, nada me distrae, el silencio me envuelve y me olvido de mi cuerpo, para centrarme en lo que ocurre dentro de mi cabeza. Y entonces solo me queda pensar en aquellas personas que me han acercado a sensaciones de felicidad, miedo, alegría, tristeza. Que han pasado por mi vida y han conseguido cambiar a la persona que se encontraron al llegar. Probablemente también piense en el lector de estas líneas, aunque no lo creas. De hecho, publicar este pensamiento va destinado al único fin de que, de algún modo, alguna de esas personas especiales se acabe enterando. Y probablemente esté pensando en ti en estos momentos... Ah, pero tu nunca lo sabrás.

A veces me pregunto por qué mis escritos siempre se desvían del tema sobre el que comienzo pensando, en fin, solo quería darte las gracias. :)

lunes, 26 de enero de 2015

Share

Supongamos que todo lo que hacemos, lo que nos mueve cada día a levantarnos y dirigirnos hacia una meta concreta fuese que hubiese alguien esperando al final, sea lo que sea de lo que estemos hablando. Supongamos que si esa persona no estuviese, ni siquiera nos orientásemos hacía dicha dirección. Ya puestos a suponer; ¿Y si la finalidad de todo estuviese en compartir?
Dejemos a un lado nuestras tendencias materialistas y demos la mayor bocanada de aire que nuestros pulmones estén dispuestos a soportar para sumergirnos y adentrarnos de lleno en un océano más profundo que la simplicidad de lo tangible, donde podremos entender a qué me estoy refiriendo exactamente.
Hablo del tiempo, que debería ir en mayúsculas, ¿No creéis?. El Tiempo. Así mejor. Pues bien, ¿Acaso no es nuestro ya mencionado amigo lo más importante que tenemos? Espero que estemos de acuerdo, como también deberíamos estarlo cuando afirme a continuación que, sin embargo, el Tiempo es lo que más desperdiciamos... Ups.
Ahora va cobrando sentido la relación existente entre ambos conceptos, como supongo que os daréis cuenta: Compartir el tiempo, los momentos de nuestra vida, aquí no hay diferencias sociales o económicas, sino que depende de en qué medida uno se construye a sí mismo en relación con los demás. Pensemos que detrás de cada ya mencionada meta u objetivo que nos imponemos, se esconde, con gran afán de protagonismo, ese deseo de ver nuestro logro contemplado por otros, de mostrar al mundo lo que hemos hecho y  el esfuerzo que ha conllevado, de enseñarlo, de compartirlo. ¿Y si se tratase de una tendencia innata? Compadezco la infelicidad de aquellos que no comprendan el significado de todo esto, obcecados en su percepción egoísta y simplista de lo que la vida representa, sin demostrar amor hacia el resto y sin merecerlo.

Reflexionemos y, si es necesario, volvamos a leer estas líneas. Es posible que con este micro relato literario haya pecado de embellecimiento del lenguaje y de exageración. Incluso es posible que, desde una perspectiva, si cabe, aún más profunda, mis pensamientos no sean congruentes en su totalidad con lo aquí expuesto.
Lo que desde luego sí es cierto es que yo nací compartiendo, y espero morir de la misma manera. Te quiero.




viernes, 30 de mayo de 2014

¿Qué estoy haciendo?

Pum. Salí corriendo lo más rápido que pude. Pero era inútil, nadie puede escapar de su propia sombra. Y la mía se había aliado con mis sentimientos... En mi contra.
Pum. Miré atrás y ahí seguían. Sentimientos tristes, oscuros, hundidos... Que no me dejaban escapar. Y los cabrones se reían.
Pum. Yo era mucho más fuerte que mi sombra, al fin y al cabo sólo se trata de un reflejo borroso de lo que yo soy. ¿Cómo iba a ganarme en una pelea? Ahora ya sabes quién manda.
Pum. Mirar al pasado ya no me causaba tristeza, observaba atentamente mis errores y me veía incapaz de cometerlos.
Pum. Un día, los latidos de mi corazón dejaron de escucharse, ahogados entre suspiros.
(...) "Otro día, la misma mierda"
(...) Necesitaba acabar esa transición. Aún no estoy seguro de haber salido de ella.
(...)
(...)
(...)
(...)
... PUM. ¿Qué coño es esto? Parece que vuelvo a sentir, tan fuerte como antes... Joder. Era fácil vivir evitando esta clase de cosas, pero han vuelto por inercia. ¿Qué voy a hacer ahora?

No te pares otra vez.

martes, 27 de mayo de 2014

Estoy harto de esconderme de la luz.

Mi cuerpo entero la evita cuando mis ojos la ven. Mis brazos esconden mi rostro de ella cada vez que se acerca. Mi cara se enrojece de enfado cuando la soporta durante mucho tiempo. ¿Pero cómo escapar de algo que antes estaba tan presente? Quizás estoy cansado de seguir escondiéndome, quizás no estoy hecho para esconderme como he dado a entender con anterioridad.
Mi propia alma es del color rojo del fuego, un fuego que me ha estado brindando la luz durante todos estos años, hasta que yo, a modo de sacrificio, decidí encadenar mi antigua esencia, mi alma entera, a unos barrotes de los que apenas puede pensar en escapar.
Y la cubierta de este libro puede que siga pareciendo tan atractiva como siempre, puede que refleje la misma pasión de antaño, pero, con toda certeza, las letras que pueblan sus numerosas páginas están moviéndose, deseosas de provocar cambios en la base que conforma mi propia persona.
Estos sentimientos confusos son los que están deslizando mis manos por el teclado rápidamente para crear signos representativos de emociones que ni siquiera sé si tengo y que ni siquiera sé cómo expresar.

Una entrada que lo cuenta todo y nada. Que empieza con una intención y termina con otra. De lo único que puedo estar seguro ahora es de que deseo cambiar.

domingo, 27 de abril de 2014

Estrellas

Me acerco tranquilamente al acantilado y me siento en el borde, moviendo las piernas lentamente, relajado. El resto del campamento probablemente esté dormido, así que tengo tiempo para pensar. Aunque hace frío. Me da frío la oscuridad de esta noche, a pesar del calor que desprenden todas las estrellas que brillan en el cielo, muy por encima de mí. 
Mirarlas es como mirar a la historia del universo directamente a los ojos, pues cuando miramos a través de éste vemos cómo estaban las cosas en el pasado. Literalmente. Es precioso pensar en la cantidad de fuerza que tienen las estrellas, que nos transmiten su luz desde tan lejos... Tarde lo que tarde ésta en llegar. Me hace sentirme protegido, me hace sentirme menos solo. 
¿Pero qué es eso? No puedo evitar sobresaltarme al escuchar el sonido de unas pisadas tras mi espalda. El corazón se me acelera exageradamente del susto y me giro bruscamente, para ver una pequeña sombra que se acerca, andando con cuidado. Alcanzo mi caja de cerillas, que siempre llevo conmigo, y enciendo una para ver de quién se trata. Es ella.
-Pensaba que tendrías frío. - Me echa una manta por encima y me acaricia delicadamente la espalda. Me hace sentirme más protegido que las propias estrellas.
-Un poco, sí. ¿No duermes? Mañana tenemos que andar bastante... - Susurro, no quiero despertar a nadie, no soportaría que se estropease este momento.
-Quería quedarme contigo, sentía curiosidad por lo que pensabas. - Se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi pecho. Su olor es el mejor que conozco. Me rodea con los brazos.
Trago saliva antes de hablar y, finalmente... - Sólo pensaba que, aunque pueda haber millones de estrellas, sólo una de ellas es capaz de darnos la vida, de hacernos sentir. El sol. - Apago la cerilla y la rodeo con los brazos, voy a protegerla pase lo que pase.
Creo que tu eres mi sol. No te apagues. No me quemes.

Too late

Quisiera ser optimista y pensar que debería intentarlo. Quisiera ser pesimista y darlo todo por perdido para poder olvidar lo que sea que tengo dentro de mi. Se dice que en el término medio está la virtud, pero yo solo encuentro indecisión. 
Me resigno a perder cualquier atisbo de esperanza, debe quedar algo en todo esto... Quisiera estar seguro de que todos los errores no pueden frenarnos, pero parece que ya lo han hecho. Me encantaría verte de nuevo, sólo con abrazarte una vez más ya se me dibujaría una sonrisa. Quiero creer que todo ha cambiado, que tu y yo hemos cambiado y que. aunque no lo parezca, ahora es el momento. Ojalá todo lo malo que ha pasado simplemente fuera para aprender a hacer las cosas bien. Con un único fin... Tú.
No sé si serás consciente de tu capacidad para acelerar mis pulsaciones al estar cerca de mi, pero supongo que lo intuyes. 
Este tiempo no he tenido la suficiente fuerza para intentar nada y, ahora que la tengo de nuevo, no sé si quiero hacerte perder el tiempo. Abrázame y dime qué quieres. Dime que me quieres. Porque yo te quiero, oh, claro que lo hago.
Dime que no es demasiado tarde, sería capaz de esperarte el tiempo que hiciese falta, aunque no lo pidieras.

Y no lo vas a pedir.