Supongamos que todo lo que hacemos, lo que nos mueve cada día a levantarnos y dirigirnos hacia una meta concreta fuese que hubiese alguien esperando al final, sea lo que sea de lo que estemos hablando. Supongamos que si esa persona no estuviese, ni siquiera nos orientásemos hacía dicha dirección. Ya puestos a suponer; ¿Y si la finalidad de todo estuviese en compartir?
Dejemos a un lado nuestras tendencias materialistas y demos la mayor bocanada de aire que nuestros pulmones estén dispuestos a soportar para sumergirnos y adentrarnos de lleno en un océano más profundo que la simplicidad de lo tangible, donde podremos entender a qué me estoy refiriendo exactamente.
Hablo del tiempo, que debería ir en mayúsculas, ¿No creéis?. El Tiempo. Así mejor. Pues bien, ¿Acaso no es nuestro ya mencionado amigo lo más importante que tenemos? Espero que estemos de acuerdo, como también deberíamos estarlo cuando afirme a continuación que, sin embargo, el Tiempo es lo que más desperdiciamos... Ups.
Ahora va cobrando sentido la relación existente entre ambos conceptos, como supongo que os daréis cuenta: Compartir el tiempo, los momentos de nuestra vida, aquí no hay diferencias sociales o económicas, sino que depende de en qué medida uno se construye a sí mismo en relación con los demás. Pensemos que detrás de cada ya mencionada meta u objetivo que nos imponemos, se esconde, con gran afán de protagonismo, ese deseo de ver nuestro logro contemplado por otros, de mostrar al mundo lo que hemos hecho y el esfuerzo que ha conllevado, de enseñarlo, de compartirlo. ¿Y si se tratase de una tendencia innata? Compadezco la infelicidad de aquellos que no comprendan el significado de todo esto, obcecados en su percepción egoísta y simplista de lo que la vida representa, sin demostrar amor hacia el resto y sin merecerlo.
Reflexionemos y, si es necesario, volvamos a leer estas líneas. Es posible que con este micro relato literario haya pecado de embellecimiento del lenguaje y de exageración. Incluso es posible que, desde una perspectiva, si cabe, aún más profunda, mis pensamientos no sean congruentes en su totalidad con lo aquí expuesto.
Lo que desde luego sí es cierto es que yo nací compartiendo, y espero morir de la misma manera. Te quiero.