jueves, 9 de abril de 2015

Tenía que darte las gracias

Un zumbido, que se repite. Una vez, y otra, y otra."Ya empezamos" pienso, mientras estiro el brazo derecho hasta alcanzar el móvil. Solo puedo pensar en desactivar la alarma, odio interrumpir los sueños interesantes.
Pero ya no puedo volver a dormirme, supongo que he perdido la oportunidad. "Qué putada" me digo a mí mismo, aunque en realidad estoy tan aturdido que ni siquiera sé si lo he dicho en voz alta. Doy un salto para bajar de la cama, ya que está un poco elevada, y camino desnudo hasta el cuarto de baño, mi cara está horrible.
Miro concentrado mis propios ojos reflejados en el espejo, me acerco para ver mejor, "las ventanas del alma, dicen algunos" pienso, "qué tontería, ni siquiera sabemos lo que es el alma".
Las ideas que tuve la noche anterior me resultan ahora estupideces propias de adolescentes soñadores con tendencias románticas, pero bastará con que pasen unas cuantas horas y vuelva a distinguirse un enigmático cielo estrellado para que dichas ideas se me antojen de nuevo interesantes.
Porque cuando llega la noche y todo está oscuro nada capta mi atención, nada me distrae, el silencio me envuelve y me olvido de mi cuerpo, para centrarme en lo que ocurre dentro de mi cabeza. Y entonces solo me queda pensar en aquellas personas que me han acercado a sensaciones de felicidad, miedo, alegría, tristeza. Que han pasado por mi vida y han conseguido cambiar a la persona que se encontraron al llegar. Probablemente también piense en el lector de estas líneas, aunque no lo creas. De hecho, publicar este pensamiento va destinado al único fin de que, de algún modo, alguna de esas personas especiales se acabe enterando. Y probablemente esté pensando en ti en estos momentos... Ah, pero tu nunca lo sabrás.

A veces me pregunto por qué mis escritos siempre se desvían del tema sobre el que comienzo pensando, en fin, solo quería darte las gracias. :)

lunes, 26 de enero de 2015

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Supongamos que todo lo que hacemos, lo que nos mueve cada día a levantarnos y dirigirnos hacia una meta concreta fuese que hubiese alguien esperando al final, sea lo que sea de lo que estemos hablando. Supongamos que si esa persona no estuviese, ni siquiera nos orientásemos hacía dicha dirección. Ya puestos a suponer; ¿Y si la finalidad de todo estuviese en compartir?
Dejemos a un lado nuestras tendencias materialistas y demos la mayor bocanada de aire que nuestros pulmones estén dispuestos a soportar para sumergirnos y adentrarnos de lleno en un océano más profundo que la simplicidad de lo tangible, donde podremos entender a qué me estoy refiriendo exactamente.
Hablo del tiempo, que debería ir en mayúsculas, ¿No creéis?. El Tiempo. Así mejor. Pues bien, ¿Acaso no es nuestro ya mencionado amigo lo más importante que tenemos? Espero que estemos de acuerdo, como también deberíamos estarlo cuando afirme a continuación que, sin embargo, el Tiempo es lo que más desperdiciamos... Ups.
Ahora va cobrando sentido la relación existente entre ambos conceptos, como supongo que os daréis cuenta: Compartir el tiempo, los momentos de nuestra vida, aquí no hay diferencias sociales o económicas, sino que depende de en qué medida uno se construye a sí mismo en relación con los demás. Pensemos que detrás de cada ya mencionada meta u objetivo que nos imponemos, se esconde, con gran afán de protagonismo, ese deseo de ver nuestro logro contemplado por otros, de mostrar al mundo lo que hemos hecho y  el esfuerzo que ha conllevado, de enseñarlo, de compartirlo. ¿Y si se tratase de una tendencia innata? Compadezco la infelicidad de aquellos que no comprendan el significado de todo esto, obcecados en su percepción egoísta y simplista de lo que la vida representa, sin demostrar amor hacia el resto y sin merecerlo.

Reflexionemos y, si es necesario, volvamos a leer estas líneas. Es posible que con este micro relato literario haya pecado de embellecimiento del lenguaje y de exageración. Incluso es posible que, desde una perspectiva, si cabe, aún más profunda, mis pensamientos no sean congruentes en su totalidad con lo aquí expuesto.
Lo que desde luego sí es cierto es que yo nací compartiendo, y espero morir de la misma manera. Te quiero.