Pum. Salí corriendo lo más rápido que pude. Pero era inútil, nadie puede escapar de su propia sombra. Y la mía se había aliado con mis sentimientos... En mi contra.
Pum. Miré atrás y ahí seguían. Sentimientos tristes, oscuros, hundidos... Que no me dejaban escapar. Y los cabrones se reían.
Pum. Yo era mucho más fuerte que mi sombra, al fin y al cabo sólo se trata de un reflejo borroso de lo que yo soy. ¿Cómo iba a ganarme en una pelea? Ahora ya sabes quién manda.
Pum. Mirar al pasado ya no me causaba tristeza, observaba atentamente mis errores y me veía incapaz de cometerlos.
Pum. Un día, los latidos de mi corazón dejaron de escucharse, ahogados entre suspiros.
(...) "Otro día, la misma mierda"
(...) Necesitaba acabar esa transición. Aún no estoy seguro de haber salido de ella.
(...)
(...)
(...)
(...)
... PUM. ¿Qué coño es esto? Parece que vuelvo a sentir, tan fuerte como antes... Joder. Era fácil vivir evitando esta clase de cosas, pero han vuelto por inercia. ¿Qué voy a hacer ahora?
No te pares otra vez.
viernes, 30 de mayo de 2014
martes, 27 de mayo de 2014
Estoy harto de esconderme de la luz.
Mi cuerpo entero la evita cuando mis ojos la ven. Mis brazos esconden mi rostro de ella cada vez que se acerca. Mi cara se enrojece de enfado cuando la soporta durante mucho tiempo. ¿Pero cómo escapar de algo que antes estaba tan presente? Quizás estoy cansado de seguir escondiéndome, quizás no estoy hecho para esconderme como he dado a entender con anterioridad.
Mi propia alma es del color rojo del fuego, un fuego que me ha estado brindando la luz durante todos estos años, hasta que yo, a modo de sacrificio, decidí encadenar mi antigua esencia, mi alma entera, a unos barrotes de los que apenas puede pensar en escapar.
Y la cubierta de este libro puede que siga pareciendo tan atractiva como siempre, puede que refleje la misma pasión de antaño, pero, con toda certeza, las letras que pueblan sus numerosas páginas están moviéndose, deseosas de provocar cambios en la base que conforma mi propia persona.
Estos sentimientos confusos son los que están deslizando mis manos por el teclado rápidamente para crear signos representativos de emociones que ni siquiera sé si tengo y que ni siquiera sé cómo expresar.
Una entrada que lo cuenta todo y nada. Que empieza con una intención y termina con otra. De lo único que puedo estar seguro ahora es de que deseo cambiar.
Mi propia alma es del color rojo del fuego, un fuego que me ha estado brindando la luz durante todos estos años, hasta que yo, a modo de sacrificio, decidí encadenar mi antigua esencia, mi alma entera, a unos barrotes de los que apenas puede pensar en escapar.
Y la cubierta de este libro puede que siga pareciendo tan atractiva como siempre, puede que refleje la misma pasión de antaño, pero, con toda certeza, las letras que pueblan sus numerosas páginas están moviéndose, deseosas de provocar cambios en la base que conforma mi propia persona.
Estos sentimientos confusos son los que están deslizando mis manos por el teclado rápidamente para crear signos representativos de emociones que ni siquiera sé si tengo y que ni siquiera sé cómo expresar.
Una entrada que lo cuenta todo y nada. Que empieza con una intención y termina con otra. De lo único que puedo estar seguro ahora es de que deseo cambiar.
domingo, 27 de abril de 2014
Estrellas
Me acerco tranquilamente al acantilado y me siento en el borde, moviendo las piernas lentamente, relajado. El resto del campamento probablemente esté dormido, así que tengo tiempo para pensar. Aunque hace frío. Me da frío la oscuridad de esta noche, a pesar del calor que desprenden todas las estrellas que brillan en el cielo, muy por encima de mí.
Mirarlas es como mirar a la historia del universo directamente a los ojos, pues cuando miramos a través de éste vemos cómo estaban las cosas en el pasado. Literalmente. Es precioso pensar en la cantidad de fuerza que tienen las estrellas, que nos transmiten su luz desde tan lejos... Tarde lo que tarde ésta en llegar. Me hace sentirme protegido, me hace sentirme menos solo.
¿Pero qué es eso? No puedo evitar sobresaltarme al escuchar el sonido de unas pisadas tras mi espalda. El corazón se me acelera exageradamente del susto y me giro bruscamente, para ver una pequeña sombra que se acerca, andando con cuidado. Alcanzo mi caja de cerillas, que siempre llevo conmigo, y enciendo una para ver de quién se trata. Es ella.
-Pensaba que tendrías frío. - Me echa una manta por encima y me acaricia delicadamente la espalda. Me hace sentirme más protegido que las propias estrellas.
-Un poco, sí. ¿No duermes? Mañana tenemos que andar bastante... - Susurro, no quiero despertar a nadie, no soportaría que se estropease este momento.
-Quería quedarme contigo, sentía curiosidad por lo que pensabas. - Se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi pecho. Su olor es el mejor que conozco. Me rodea con los brazos.
Trago saliva antes de hablar y, finalmente... - Sólo pensaba que, aunque pueda haber millones de estrellas, sólo una de ellas es capaz de darnos la vida, de hacernos sentir. El sol. - Apago la cerilla y la rodeo con los brazos, voy a protegerla pase lo que pase.
Creo que tu eres mi sol. No te apagues. No me quemes.
Too late
Quisiera ser optimista y pensar que debería intentarlo. Quisiera ser pesimista y darlo todo por perdido para poder olvidar lo que sea que tengo dentro de mi. Se dice que en el término medio está la virtud, pero yo solo encuentro indecisión.
Me resigno a perder cualquier atisbo de esperanza, debe quedar algo en todo esto... Quisiera estar seguro de que todos los errores no pueden frenarnos, pero parece que ya lo han hecho. Me encantaría verte de nuevo, sólo con abrazarte una vez más ya se me dibujaría una sonrisa. Quiero creer que todo ha cambiado, que tu y yo hemos cambiado y que. aunque no lo parezca, ahora es el momento. Ojalá todo lo malo que ha pasado simplemente fuera para aprender a hacer las cosas bien. Con un único fin... Tú.
No sé si serás consciente de tu capacidad para acelerar mis pulsaciones al estar cerca de mi, pero supongo que lo intuyes.
Este tiempo no he tenido la suficiente fuerza para intentar nada y, ahora que la tengo de nuevo, no sé si quiero hacerte perder el tiempo. Abrázame y dime qué quieres. Dime que me quieres. Porque yo te quiero, oh, claro que lo hago.
Dime que no es demasiado tarde, sería capaz de esperarte el tiempo que hiciese falta, aunque no lo pidieras.
Y no lo vas a pedir.
jueves, 27 de marzo de 2014
Animal I have become
Pensaba que estaba dormido, que no iba a despertar en mucho tiempo y que, si lo hacía, esos barrotes podrían retenerlo, qué ingenuo. No había tenido en cuenta el fuego que podía destruir cualquier simple barra de acero, por muy reforzado que ésta estuviese. ¿Y qué si vuelves? ¿Qué vas a hacerme? Quizás el monstruo ahora soy yo, y te has liberado para llegar a un lugar mucho peor...
-No voy a retroceder, no te me vas a adelantar. - Susurro.
Sólo me mira, con esa mirada fría que parece perdida e indiferente pero que, contrariamente, oculta mas emociones que las que mi cuerpo son capaces de sentir ahora. Parece mentira que yo pudiese ser de esa manera.
Avanzo hacia él, no me da miedo, es imposible que me de miedo un prototipo de mí que considero superado desde hace mucho tiempo. Me acerco lentamente, con tranquilidad. Quizás una falsa tranquilidad, o quizás no. Esa mirada sigue clavada en mí, hasta el punto de que ya me hace sentir incómodo... Pero sé que es tan vulnerable que no me hará falta casi ningún esfuerzo.
-Necesito el dolor del que te creé. Devuélvemelo. - Ordeno.
-¿Seguro? - Suena desafiante.
-Propio de ti, hacer preguntas cuyas respuestas conoces muy bien. - Intento convencerme, aunque realmente no me haga falta, de que soy mejor que mi "yo" del pasado.
Cuando escucho su leve respiración, empiezo a recordar. Cuanto dolor... No puedo soportarlo.
-No voy a reprimirte más tiempo, no voy a dejarte explotar. - Le digo, con un tono de complicidad, como si fuésemos del mismo bando. Lo somos.
Al tocarle, desaparece sin más, y me doy cuenta de que ha vuelto al lugar en el que debería estar, conmigo.
Dolor, nunca olvides que ahora soy yo el que manda.
-No voy a retroceder, no te me vas a adelantar. - Susurro.
Sólo me mira, con esa mirada fría que parece perdida e indiferente pero que, contrariamente, oculta mas emociones que las que mi cuerpo son capaces de sentir ahora. Parece mentira que yo pudiese ser de esa manera.
Avanzo hacia él, no me da miedo, es imposible que me de miedo un prototipo de mí que considero superado desde hace mucho tiempo. Me acerco lentamente, con tranquilidad. Quizás una falsa tranquilidad, o quizás no. Esa mirada sigue clavada en mí, hasta el punto de que ya me hace sentir incómodo... Pero sé que es tan vulnerable que no me hará falta casi ningún esfuerzo.
-Necesito el dolor del que te creé. Devuélvemelo. - Ordeno.
-¿Seguro? - Suena desafiante.
-Propio de ti, hacer preguntas cuyas respuestas conoces muy bien. - Intento convencerme, aunque realmente no me haga falta, de que soy mejor que mi "yo" del pasado.
Cuando escucho su leve respiración, empiezo a recordar. Cuanto dolor... No puedo soportarlo.
-No voy a reprimirte más tiempo, no voy a dejarte explotar. - Le digo, con un tono de complicidad, como si fuésemos del mismo bando. Lo somos.
Al tocarle, desaparece sin más, y me doy cuenta de que ha vuelto al lugar en el que debería estar, conmigo.
Dolor, nunca olvides que ahora soy yo el que manda.
domingo, 23 de marzo de 2014
Hora de ir levantándote
Todo estaba oscuro, demasiado oscuro, tanto que sus ojos no acertaban a distinguir ningún tipo de forma bajo aquel manto nocturno. Por no saber, no podía concretar exactamente ni dónde se encontraba. Hacía mucho tiempo que se había salido de aquel camino que tan bien lo guiaba, lo acompañaba y lo cuidaba... Y ya llevaba demasiados días, incluso meses, moviendo las piernas en una dirección que ni siquiera había tenido la opción de elegir. A eso no se le podía llamar caminar.
Al no ver el sendero que cruzaba, no podía evitar tropezar con cualquier obstáculo, por muy insignificante que éste fuera, o chocar con cada barrera en el camino, pudiendo tardar días en volver a levantarse tras cada caída... Por inercia, para volver a caer una y otra vez. Quizás la fuerza de voluntad que le caracterizaba aún le acompañaba en el interior de su corazón, pero ya no destellaba ninguna luz capaz de alumbrar el ambiente que le rodeaba, cargado de terror y tristeza. Era como estar solo, Llevaba meses en la mas absoluta oscuridad, siendo empujado, sin saberlo, a un precipicio que debía evitar a toda costa.
Sin embargo, uno de tantos días y de pura casualidad, como suelen ocurrir las historias más bonitas, el chico alzó la mirada desde el suelo tras haberse caído, el tiempo lo estaba dejando destrozado.
-Joder...- Fue la única palabra que pudo articular.
Por fin podía distinguir lo que se encontraba a su alrededor, pues una energía rojiza se manifestaba a tan solo unos metros de él, iluminando su cara y el color de su pelo, que empezó también a irradiar energía, aunque menos incandescente, más cansada.
Se levanto tan rápido como sus piernas le dejaron. Ahora podía ver los obstáculos, que sorteaba con maestría, sin dedicarles demasiado tiempo, con agilidad, con alegría. Le gustaba esquivar las caídas, le gustaba que las cosas le saliesen bien. Cuando alcanzó aquella luz incandescente comprendió que lo único que necesitaba era ese empujón hacia algo grande, y que él era capaz de hacer el resto.
-Gracias. - Susurró en el momento de estirar el brazo para que sus dedos rozasen la energía, sin quemarse y sin dañarse, pues ésta sólo estaba allí para protegerle.
Notó cómo le recorría el brazo hasta llegar al pecho, y de ahí a todos los rincones de su cuerpo. Las heridas desaparecían, dejando sólo las cicatrices propias de la experiencia del sufrimiento, únicamente si conoces el dolor puedes vivir feliz. Los ojos se le iluminaron y comenzó a verlo todo a través de ellos.
La esperanza de volver a vivir se adueñó de su cuerpo, que ahora tenía el poder sobre el camino que antiguamente se alzaba amenazante ante él. La noche fue perdiendo fuerza y llegaron los primeros rayos de sol, consumiendo las nubes negras que anunciaban antaño la llegada de una tormenta. El ruido de las aguas de un riachuelo alegraba más el ambiente, así como los animales, que se atrevían de nuevo a salir.
El chico se acercó corriendo al agua, se arrodilló frente a ella y observó su rostro, que llevaba meses sin recordar. Estaba sonriendo.
-Gracias. - Volvió a repetir, mientras una lágrima corría por sus mejillas hasta caer en el río, donde no se supo mas de ella.
A veces necesitamos una luz, una esperanza que nos levante y nos recuerde que, a pesar de las circunstancias, siempre podemos con todo. Gracias por haber sido mi luz.
Al no ver el sendero que cruzaba, no podía evitar tropezar con cualquier obstáculo, por muy insignificante que éste fuera, o chocar con cada barrera en el camino, pudiendo tardar días en volver a levantarse tras cada caída... Por inercia, para volver a caer una y otra vez. Quizás la fuerza de voluntad que le caracterizaba aún le acompañaba en el interior de su corazón, pero ya no destellaba ninguna luz capaz de alumbrar el ambiente que le rodeaba, cargado de terror y tristeza. Era como estar solo, Llevaba meses en la mas absoluta oscuridad, siendo empujado, sin saberlo, a un precipicio que debía evitar a toda costa.
Sin embargo, uno de tantos días y de pura casualidad, como suelen ocurrir las historias más bonitas, el chico alzó la mirada desde el suelo tras haberse caído, el tiempo lo estaba dejando destrozado.
-Joder...- Fue la única palabra que pudo articular.
Por fin podía distinguir lo que se encontraba a su alrededor, pues una energía rojiza se manifestaba a tan solo unos metros de él, iluminando su cara y el color de su pelo, que empezó también a irradiar energía, aunque menos incandescente, más cansada.
Se levanto tan rápido como sus piernas le dejaron. Ahora podía ver los obstáculos, que sorteaba con maestría, sin dedicarles demasiado tiempo, con agilidad, con alegría. Le gustaba esquivar las caídas, le gustaba que las cosas le saliesen bien. Cuando alcanzó aquella luz incandescente comprendió que lo único que necesitaba era ese empujón hacia algo grande, y que él era capaz de hacer el resto.
-Gracias. - Susurró en el momento de estirar el brazo para que sus dedos rozasen la energía, sin quemarse y sin dañarse, pues ésta sólo estaba allí para protegerle.
Notó cómo le recorría el brazo hasta llegar al pecho, y de ahí a todos los rincones de su cuerpo. Las heridas desaparecían, dejando sólo las cicatrices propias de la experiencia del sufrimiento, únicamente si conoces el dolor puedes vivir feliz. Los ojos se le iluminaron y comenzó a verlo todo a través de ellos.
La esperanza de volver a vivir se adueñó de su cuerpo, que ahora tenía el poder sobre el camino que antiguamente se alzaba amenazante ante él. La noche fue perdiendo fuerza y llegaron los primeros rayos de sol, consumiendo las nubes negras que anunciaban antaño la llegada de una tormenta. El ruido de las aguas de un riachuelo alegraba más el ambiente, así como los animales, que se atrevían de nuevo a salir.
El chico se acercó corriendo al agua, se arrodilló frente a ella y observó su rostro, que llevaba meses sin recordar. Estaba sonriendo.
-Gracias. - Volvió a repetir, mientras una lágrima corría por sus mejillas hasta caer en el río, donde no se supo mas de ella.
A veces necesitamos una luz, una esperanza que nos levante y nos recuerde que, a pesar de las circunstancias, siempre podemos con todo. Gracias por haber sido mi luz.
martes, 25 de febrero de 2014
Yo Soy Imperfecto
Yo, que soy imperfecto, no necesito de ningún modelo perfecto en mi mismo para vivir o para ser felíz. Siendo inalcanzable dicha perfección, me basto de una vida imperfecta para que sea completamente plena en mi. La plenitud de mi vida se basará, por tanto, en lo imperfecto de las cosas que puedo percibir. Reducir mi existencia únicamente a la razón sería un error, porque ésta es perfecta, eterna, etc. Y yo no.
Por último, yo, que no puedo alcanzar el máximo nivel(perfección), intentaré llegar a él en mi limitada existencia imperfecta.
domingo, 23 de febrero de 2014
¿Explotando?
Como la gota que colma el vaso, y hace tiempo que tengo ganas de explotar. La energía no puede escaparse, y poco a poco va fluyendo hacia mi, en concreto hacia mis puños, mis dedos, de hecho, que son los únicos capaces de plasmar todo. ¿Pero qué es todo? Yo creo que hablo de ira, tristeza, rechazo, decepción, más ira... Sobre todo ira. Mis dedos son los únicos que se deslizan con la suficiente agilidad por un simple teclado que representa las letras que los humanos entendemos, y que tú estás leyendo. La agilidad que necesitaría para pensar rápido las cosas, abrir mi mente y dejar libres todas las emociones que estoy escondiendo. Estas emociones me queman por dentro.
-Hace tiempo que he dejado de correr, así que aquí me tienes, de frente.
No obtengo respuesta de unos sentimientos traicioneros que me están acechando en cualquier momento, que me tienen a su merced, que rebosan cuando quieren... Menos mal que, como hace unos meses dijeron, yo estaba destinado a ser invencible. Y resulta que el concepto de invencibilidad no implica que no te jodan las cosas.
Y yo estoy muy cansado de todo.
-Hace tiempo que he dejado de correr, así que aquí me tienes, de frente.
No obtengo respuesta de unos sentimientos traicioneros que me están acechando en cualquier momento, que me tienen a su merced, que rebosan cuando quieren... Menos mal que, como hace unos meses dijeron, yo estaba destinado a ser invencible. Y resulta que el concepto de invencibilidad no implica que no te jodan las cosas.
Y yo estoy muy cansado de todo.
viernes, 24 de enero de 2014
¿Imposible?
¿Por qué a todo el mundo le parece tan raro que pueda existir vida en cualquier otro lugar de nuestra galaxia? ¿De verdad saben tanto de la vida aquellos que niegan rotundamente la existencia de distintos seres en otro lugar? ¿Sois conscientes de lo verdaderamente gigantesco que resulta ese cielo negro que contemplamos de noche? ¿Del lejano emplazamiento de esas bolitas brillantes que llamamos estrellas?
No me hace falta saber mucho de astronomía para haceros una pregunta a vosotros y a mi mismo: ¿De verdad estoy loco si pienso que, en la totalidad de una infinidad de estrellas, planetas, galaxias, agujeros negros, blancos, nebulosas, materia oscura y muchas mas "cosas" que podría enumerar, es muy probable que exista vida? El simple hecho de que no los hayamos encontrado o de que "ellos" no lo hayan hecho con nosotros, ¿supone que no exista nada? Obviamente yo tampoco puedo saber si mi idea de su existencia es cierta, pero aquí tenéis algunos de mis argumentos.
¿No sería bonito dejar de estar solo?
jueves, 23 de enero de 2014
Día perfecto
Un día en el que pudiera escapar de las barreras de mi mente y ser la persona que quiero ser. Sin marcarme límites, sin decepcionarme a mí mismo y, básicamente, aprendiendo a ser feliz. Si algún día llega un día en el que mi propia mente no obstaculice mi libertad y felicidad, y no haya nada que me haga estar decaído, si algún día siento que no hay preocupaciones de ningún tipo y que todo es dedicarme a disfrutar de lo que he conseguido a base de luchar, ése día será perfecto, porque significará que todos los días que le siguen van a ser igual.
Pero por desgracia tengo que volver a la realidad, donde nada de éso existe realmente durante mucho tiempo, donde aún sigo tras esos barrotes que me queman si los toco y que no me atrevo a tirar.
Que alguien venga y los tire por mí. Ahora.
Pero por desgracia tengo que volver a la realidad, donde nada de éso existe realmente durante mucho tiempo, donde aún sigo tras esos barrotes que me queman si los toco y que no me atrevo a tirar.
Que alguien venga y los tire por mí. Ahora.
martes, 21 de enero de 2014
Feel
Había pasado varias semanas sin moverse, sin poder hacer nada. Solo. Tumbado en una cama que no le dejaba levantarse y salir a vivir. La espada que se apoyaba en la pared de la otra punta de la habitación ya no brillaba con la misma fuerza, o mejor dicho, ya no destellaba ningún tipo de luz. Parecía como si nunca le hubiese pertenecido, como si nunca la hubiese empuñado. Él la miraba, desde la cama, con complicidad, respeto, orgullo, al fin y al cabo esa espada era él y todo lo que con ello representaba. Aquel filo le había servido para proteger unos sueños que eran los únicos que movían su existencia, aquella empuñadura se había ajustado perfectamente a la mano de su portador, asegurando la firmeza en cada tajo, en cada estocada...
Pero las mismas batallas que en su momento le habían conducido a la gloria fueron las que realizaron un acopio de fuerzas para superarle y, de ese modo, extinguir las llamas del corazón de aquel que luchaba por su mundo.
Aquellas sábanas le aprisionaban como zarzas, le provocaban cortes en el alma con la misma facilidad que él tenía antiguamente para evadirse rápidamente de estos ataques. La almohada ni siquiera era una aliada, sino que le provocaba horas y horas de pesadillas en las que soñaba que no volvía a ser el de antes, que sus armas y sus recursos ya no funcionaban o que, simplemente, no quedaba nada por defender. Absolutamente nada.
Poner los pies en el suelo supuso un desafía contra todo pronóstico, las zarzas ardieron en llamas, las pesadillas fueron las que comenzaron a sentir miedo y la cama se transformó en la aliada del guerrero. Bastó una sola mirada a sus emociones y éstas volvieron a estabilizarse, completamente arrepentidas del descontrol causado aquellos días.
-Nunca volváis a olvidar quién manda. - Susurró.
Sin embargo, aún estaba pendiente la batalla más importante. Se acercó lentamente a la puerta de la habitación, donde descansaba la mejor de las herramientas de muerte, aquella que otorga la vida en los momentos que corta los lazos de ésta. Una espada. Su espada. Cada paso le daba fuerzas y, de repente, la sala en su totalidad se hallaba brillando con luz propia. Emocionalmente eclipsaba a la luz del propio sol.
Acontecía en ese momento la guerra para reencontrarse consigo mismo.
Pero las mismas batallas que en su momento le habían conducido a la gloria fueron las que realizaron un acopio de fuerzas para superarle y, de ese modo, extinguir las llamas del corazón de aquel que luchaba por su mundo.
Aquellas sábanas le aprisionaban como zarzas, le provocaban cortes en el alma con la misma facilidad que él tenía antiguamente para evadirse rápidamente de estos ataques. La almohada ni siquiera era una aliada, sino que le provocaba horas y horas de pesadillas en las que soñaba que no volvía a ser el de antes, que sus armas y sus recursos ya no funcionaban o que, simplemente, no quedaba nada por defender. Absolutamente nada.
Poner los pies en el suelo supuso un desafía contra todo pronóstico, las zarzas ardieron en llamas, las pesadillas fueron las que comenzaron a sentir miedo y la cama se transformó en la aliada del guerrero. Bastó una sola mirada a sus emociones y éstas volvieron a estabilizarse, completamente arrepentidas del descontrol causado aquellos días.
-Nunca volváis a olvidar quién manda. - Susurró.
Sin embargo, aún estaba pendiente la batalla más importante. Se acercó lentamente a la puerta de la habitación, donde descansaba la mejor de las herramientas de muerte, aquella que otorga la vida en los momentos que corta los lazos de ésta. Una espada. Su espada. Cada paso le daba fuerzas y, de repente, la sala en su totalidad se hallaba brillando con luz propia. Emocionalmente eclipsaba a la luz del propio sol.
Acontecía en ese momento la guerra para reencontrarse consigo mismo.
sábado, 4 de enero de 2014
Ahora eres invencible, no lo olvides
Arriba, abajo, a los lados. Sigue sintiéndose raro mire a donde mire y haga lo que haga. Sus pensamientos le engañan y él ni siquiera sabe por qué se han puesto en su contra. Al igual que tu propia fuerza física puede volverse contra ti, las emociones lo están haciendo ahora con él.
-En fin...
Echa a correr, no lo había probado antes y era una de las maneras mas sencillas. Aunque, ¿Correr le enseñará? Sin duda, no, le hará falsamente invencible. No puedes vencer a quien no puedes alcanzar, pero éste individuo inalcanzable tampoco saldrá victorioso si te planta cara. No van a ganarle escapando, incluso a punto de alcanzarle se te escapará de entre los dedos y sólo encontrarás evidente tu torpeza. Impresionante majestuosidad con la que es capaz de sortear no solo tu inútil esfuerzo de atraparle, sino cualquier obstáculo, de hecho éstos parecen estar situados para impulsarle con mas fuerza. Más y más fuerza...
¿Pero qué experiencia le aporta correr?
-En fin...
Echa a correr, no lo había probado antes y era una de las maneras mas sencillas. Aunque, ¿Correr le enseñará? Sin duda, no, le hará falsamente invencible. No puedes vencer a quien no puedes alcanzar, pero éste individuo inalcanzable tampoco saldrá victorioso si te planta cara. No van a ganarle escapando, incluso a punto de alcanzarle se te escapará de entre los dedos y sólo encontrarás evidente tu torpeza. Impresionante majestuosidad con la que es capaz de sortear no solo tu inútil esfuerzo de atraparle, sino cualquier obstáculo, de hecho éstos parecen estar situados para impulsarle con mas fuerza. Más y más fuerza...
¿Pero qué experiencia le aporta correr?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)