Mirarlas es como mirar a la historia del universo directamente a los ojos, pues cuando miramos a través de éste vemos cómo estaban las cosas en el pasado. Literalmente. Es precioso pensar en la cantidad de fuerza que tienen las estrellas, que nos transmiten su luz desde tan lejos... Tarde lo que tarde ésta en llegar. Me hace sentirme protegido, me hace sentirme menos solo.
¿Pero qué es eso? No puedo evitar sobresaltarme al escuchar el sonido de unas pisadas tras mi espalda. El corazón se me acelera exageradamente del susto y me giro bruscamente, para ver una pequeña sombra que se acerca, andando con cuidado. Alcanzo mi caja de cerillas, que siempre llevo conmigo, y enciendo una para ver de quién se trata. Es ella.
-Pensaba que tendrías frío. - Me echa una manta por encima y me acaricia delicadamente la espalda. Me hace sentirme más protegido que las propias estrellas.
-Un poco, sí. ¿No duermes? Mañana tenemos que andar bastante... - Susurro, no quiero despertar a nadie, no soportaría que se estropease este momento.
-Quería quedarme contigo, sentía curiosidad por lo que pensabas. - Se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi pecho. Su olor es el mejor que conozco. Me rodea con los brazos.
Trago saliva antes de hablar y, finalmente... - Sólo pensaba que, aunque pueda haber millones de estrellas, sólo una de ellas es capaz de darnos la vida, de hacernos sentir. El sol. - Apago la cerilla y la rodeo con los brazos, voy a protegerla pase lo que pase.
Creo que tu eres mi sol. No te apagues. No me quemes.