Pensaba que estaba dormido, que no iba a despertar en mucho tiempo y que, si lo hacía, esos barrotes podrían retenerlo, qué ingenuo. No había tenido en cuenta el fuego que podía destruir cualquier simple barra de acero, por muy reforzado que ésta estuviese. ¿Y qué si vuelves? ¿Qué vas a hacerme? Quizás el monstruo ahora soy yo, y te has liberado para llegar a un lugar mucho peor...
-No voy a retroceder, no te me vas a adelantar. - Susurro.
Sólo me mira, con esa mirada fría que parece perdida e indiferente pero que, contrariamente, oculta mas emociones que las que mi cuerpo son capaces de sentir ahora. Parece mentira que yo pudiese ser de esa manera.
Avanzo hacia él, no me da miedo, es imposible que me de miedo un prototipo de mí que considero superado desde hace mucho tiempo. Me acerco lentamente, con tranquilidad. Quizás una falsa tranquilidad, o quizás no. Esa mirada sigue clavada en mí, hasta el punto de que ya me hace sentir incómodo... Pero sé que es tan vulnerable que no me hará falta casi ningún esfuerzo.
-Necesito el dolor del que te creé. Devuélvemelo. - Ordeno.
-¿Seguro? - Suena desafiante.
-Propio de ti, hacer preguntas cuyas respuestas conoces muy bien. - Intento convencerme, aunque realmente no me haga falta, de que soy mejor que mi "yo" del pasado.
Cuando escucho su leve respiración, empiezo a recordar. Cuanto dolor... No puedo soportarlo.
-No voy a reprimirte más tiempo, no voy a dejarte explotar. - Le digo, con un tono de complicidad, como si fuésemos del mismo bando. Lo somos.
Al tocarle, desaparece sin más, y me doy cuenta de que ha vuelto al lugar en el que debería estar, conmigo.
Dolor, nunca olvides que ahora soy yo el que manda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario