martes, 27 de mayo de 2014

Estoy harto de esconderme de la luz.

Mi cuerpo entero la evita cuando mis ojos la ven. Mis brazos esconden mi rostro de ella cada vez que se acerca. Mi cara se enrojece de enfado cuando la soporta durante mucho tiempo. ¿Pero cómo escapar de algo que antes estaba tan presente? Quizás estoy cansado de seguir escondiéndome, quizás no estoy hecho para esconderme como he dado a entender con anterioridad.
Mi propia alma es del color rojo del fuego, un fuego que me ha estado brindando la luz durante todos estos años, hasta que yo, a modo de sacrificio, decidí encadenar mi antigua esencia, mi alma entera, a unos barrotes de los que apenas puede pensar en escapar.
Y la cubierta de este libro puede que siga pareciendo tan atractiva como siempre, puede que refleje la misma pasión de antaño, pero, con toda certeza, las letras que pueblan sus numerosas páginas están moviéndose, deseosas de provocar cambios en la base que conforma mi propia persona.
Estos sentimientos confusos son los que están deslizando mis manos por el teclado rápidamente para crear signos representativos de emociones que ni siquiera sé si tengo y que ni siquiera sé cómo expresar.

Una entrada que lo cuenta todo y nada. Que empieza con una intención y termina con otra. De lo único que puedo estar seguro ahora es de que deseo cambiar.

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